Delirio otoñal

Decir adiós al verano... preparar el otoño mood para la tinta, el tinto y las nostalgias sabrosas.

Pronostico que este otoño me traerá una pasión enfermiza y sabrosa por el jazz...

Otoño sin tinto no es otoño.

El otoño es a la poesía lo que la primavera a las flores y los pajaritos. El otoño es a mí, como yo soy al otoño...

(el otoño es ese amante sabroso que siempre vuelve...)

Esas nubes allá afuera: el otoño.

La tarde fresca allá afuera: el otoño.

El otoño nunca nos ha visto juntos, de la mano por las calles... el nuestro fue otro tiempo. Puede que el otoño, si acaso, lo soñara.

La puesta de sol allá afuera: el otoño.

El otoño jamás será mezquino, ya en su primera tarde viste el cielo con su paleta de color más exquisita.

Pronostico que el otoño, el jazz y yo tendremos un idilio deliciosamente obsceno los próximos 3 meses... espero no ofender pudores.

El otoño no se aparta de mi... creo que comenzamos a causar envidias por la calle.

Este brillo en mis ojos: el otoño.

El otoño y su tendencia a desvestirnos, lo mismo a los árboles que a mi...

En momentos no me queda muy claro si somos el otoño y yo, con jazz de soundtrack... o el jazz y yo, al ritmo del otoño. Quizás son ellos dos, otoño y jazz, los que toman cuerpo... mientras yo me vuelvo un estado mental.


"es el jazz y el otoño y tú en medio y caminando juntos, cool..."
Mario Licòn Cabrera (duda resuelta)

La cuestión es que el jazz, el otoño y yo hemos roto ya la barrera de "lo platónico"

Que en otoño (o por el otoño) una también se derrite.

El otoño y su tendencia a deshojarnos.

El otoño se acomoda.

El otoño jamás cruza las piernas. Las atraviesa.

El otoño lo sabe y lo explica bien: algunas cosas no tienen sentido.

Otoño, jazz y yo, somos estos tres que se aman de forma profunda, lo mismo sórdidos que apacibles. Navegamos el sepia de los días, gozosos.

El otoño y yo no hacemos planes a futuro... tenemos, si acaso, un acuerdo tácito de pasar de nuevo a deshojarnos el próximo año.


El otoño y yo hemos decidido esta mañana revolcarnos en la nostalgia por todas las veces que nos hemos amado y perdido... el jazz es el agua que hace lodo la nostalgia... [nostalgia deliciosa-mente sucia]

ah, el otoño y yo!... el otoño y yo, señores!!! ...el jazz lo sabe y sonríe.

Prefiero no pensar en su partida, en el adiós que me dejará cubierta de invierno... vuelvo a su cuerpo sepia y sueño.

Bajo el ocre, una mirada fresca de niño travieso: el otoño.

Esta noche, como es costumbre, me guardo. El otoño y yo -agorafóbicos- buscamos la intimidad entre cuatro paredes... el jazz lo sabe y sonríe.

Cuando no quedan sino restos desnudos de la noche, abrazados, huérfanos del mundo; ahí, otoño, jazz y yo, soñamos el mismo sueño, en sepia.

"Debes buscar otro amor para el invierno", murmulla suave entre las hojas que, parece, no terminan de caer. Yo hago que no lo escucho.

Esta mañana: el otoño, yo... y el capítulo 7 de Rayuela. ...el otoño y yo, nos enredamos.

Otoño, jazz y yo, tan llovidos.

Mi nostalgia otoñal es dulce, sabrosa, sin tintes de telenovela... mi nostalgia es un poema.

El otoño es de hábitos fascinantes y modales exquisitos... [suspiro] El otoño, también, despeina.

Otoño, jazz y yo, convergimos. Otoño, jazz y yo nos tendemos a mirar la Luna.

Y es que el otoño es Miles, Dexter y Coltrane, envolviendo nostalgias como bocaditos dulces que te comes con las manos... el otoño y yo, en la experiencia íntima de devorar nostalgias, nos chupamos los dedos... mutuamente.

Al otoño yo le dibujo caminitos, sobre el arenoso cuerpo, con los dedos. Al otoño yo le escribo un poema por cada beso que soñamos.

El otoño y yo, en mutua contemplación, aproximándonos.

El otoño, cada vez más frío de madrugada, empieza a despedirse... puede que haya empezado la fuga, ya... puede que ésto que va quedando en mi cuerpo, entre mis manos sea, apenas, su sombra.

Días de labios partidos... ah, el otoño.

Hace frío... ¿será que el otoño y yo comenzamos a distanciarnos?

...entre más frío (el otoño) más lo busca mi cuerpo para acurrucarse.

El otoño me tiene con las manos frías... pero la nostalgia en ebullición!

Algunas tardes, el otoño se exhibe ante mi zalamero, inunda con su aroma mi espacio vital... entonces me da por sentirme enamorada.

El otoño se niega a compartir mi cama con otra piel... sólo el jazz tiene cabida en este triángulo en sepia.

En tardes como ésta, el otoño y yo nos amamos en formas silenciosas... al jazz lo llevamos -juguetón, revoltoso- en la arrítmica frecuencia cardiaca.... como caricia, en los suspiros.

El otoño se vistió de noche... me llama.

Con el otoño se va, también, un sueño.

El otoño comienza a dejar rastros por toda la casa, fragmentos, pistas, señuelos que me hagan caer en algún recuerdo ya entrado el invierno.

Sucede cada vez: llegamos a ese punto donde, al cobijo de su abrazo, pido que no se vaya.

Será la noche, el frío [o todos los anteriores] sólo quiero acurrucarme en el centro de su cuerpo, en el ocre calientito de su entraña... y bien lo sé: llega, me deshoja y se marcha...y yo lo permito em-be-le-sa-da ¡eres hermoso, otoño!

Entrada la noche, otoño y yo, somos tan sólo (tan solos) un par de ansiedades desnudas.

¿De quién escribiré el 29 de diciembre, el 15 de enero, el 3 de febrero?... entre suspiros, sí, aún de ti. El jazz lo sabe, nos mira en la frontera de un beso, atisba el sabor a despedida.

El otoño desempolva sus maletas, comienza a despedirse  l e n t o...
el otoño empaca ya... nuestro abrazo es frío, es cierto, sin embargo aquellos días de septiembre aún nos arden en los labios.

El otoño me sabe sedienta, vulnerable... deshojada.

El otoño se despide con dulzura, sabiendo que siempre habrá septiembres nuevos, para nosotros...

Dejo libre mi cabello para que se escurran la más rojas nostalgias... ay, otoño, cuándo será septiembre, para que vuelvas!... ¿cuándo será de nuevo, sobre mi cuerpo, tu beso en sepia?

Este otoño era todos los otoños... y todos los otoños se anidaban en él.

Voy a restregarle mi nostalgia a las paredes y el mundo sabrá cuánto he amado a este otoño.

Mañana no tendré más remedio que amanecer con el invierno... no será por despecho... será por el frío.

El jazz y yo, hasta que vuelvas.

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